Cálido y pegajoso, Morón.
Lleno de gente que viene y que va.
Gente que le reza a su Dios.
Que come garrapiñada y que mira el sol en esa plaza grande y familiar.
Morón, cuantos secretos escondes.
En cada esquina.
En cada cruze.
La gente mira melancólicamente esas palomas.
Espera su colectivo.
Y se seca el sudor con un pañuelo.
Rawson.
Constituyentes y Cabildo.Calles.
Diagonales, muy pocas.
Eva Perón.
Brown y Belgrano.
Ahora solo quiero resignarme.
Y dejar de pensar, en eso que pensaba antes.
Caminar.
Pedalear.
Esperar que el viento me sople un poco.
Y seguir por esas veredas flojas y traicioneras.
Aunque no me importe.
Porque cuando llego.
Me siento en casa.
Adiós.
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