
El mal humor nos perturba.
Nos ataca.
Siento.
Que me elevo.
Que el polvo nubla mis ideas y que estoy en el medio de una nebulosa.
Me distrae.
El polvo, se mete en poros y me confunde.
Me cuenta secretos y mentiras.
Me hace el pelo más feo.
Me hace los ojos llorosos.
Y todo sabe y huele mal.
Y todos nos sentimos así.
Perdidos, en nuestro propio lugar.
Incómodos.
Cada uno piensa en su pelo.
En donde dormirá hoy.
Si sube.
Si baja.
Si esta ocupado.
Si hace algo.
Si no hace nada.
Y me enojo con el, porque el me trata como una niña.
Y me enojo con el, porque creo que no escucha mis suplicas.
No quiero enojarme, porque no me gusta enojarme, porque hace mal al alma.
Cafua tiene arena.
Cafua tiene mal humor.
Y chafua me hace reír.
Chafua es precioso pero me empalaga.
Y ahora suena el, Jaramillo con su bello bolero.
Y Jaramillo me cuenta sus desamores.
Y yo lo escucho y le canto.
También puedo devolver una sonrisa, y ahí comenzó a sonar esa guitarra.
Solo quiero que me diga unas palabras, que me de su aliento.
Y este texto se mezclo, como se mezcla todo aquí, en este desierto
Desierto, no es cierto.
Desierto, es cierto.
Pero es un desierto blanco, que resbala.
Me cansé.
Necesito dormir.
Escribí, borré y las rimas siguen sin aparecer.
Se esconden detrás del polvo y la neblina.
Adiós.
Pd: Equilibrio, vuelve a mi.
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